Gran corrida del aburrimiento


Y la corrida estrella se estrelló estrepitosamente. La gran corrida de beneficencia tuvo poco de grande y menos de benéfica, ¿a quién puede beneficiar semejante espectáculo? Seguramente a la peña del clavel que va a los toros a verse, a cerrar contratos y a lucir vestido, cuando no escote.

A escote pagamos todos los platos rotos. Corrida desigual, como si compartieran camión los toros de Las Ventas y los de Aranda de Duero. No fue una corrida en el tipo de Victoriano del Río, serias y con trapío como nos tenían acostumbrados el ganadero.

Juan Mora, que cuenta por milagros cada actuación después de su gran faena el año pasado. No intento absolutamente nada más que detalles de salón. El primero con pocas opciones le puso el pitón en la cara al entrar a matar. El cuarto fue bueno y tuvo clase hasta que terminó rajándose, por el aburrimiento, deduzco.

Morante preso de sí mismo. Apático y en otro mundo. No se dio cuenta que Madrid le sigue esperando. A este paso con la escopeta cargad de quien muestra su apatía sin tapujos. No quiso ver al segundo, un toro encastado y con mucho que hacer. Con teclas que tocar. El quinto era su último cartucho. Después de Sevilla, Valencia llegaba a Madrid. Puede que l gente siga volviéndole a ver, pero en plazas importantes Morante no deleita. Quizás los que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición y todo lo malo se pega. Morante parece que se ha hecho también torero de pueblos. Un acomodado. Compartir apoderado le está perjudicando. Un par de verónicas, el quite al cuarto toro por chicuelinas y otro par de medias no bastan.

El único que estuvo en figura a la altura de lo que se espera fue Julián. Que tiene todos los respetos solo por hacer el paseíllo en una plaza que de envidia, pura y asquerosa, le odia. Le tiene entre ceja y ceja y aprovecha cualquier oportunidad para arremeter contra él. Lo que no ven esos insensibles es que el tercer toro en otras manos puede que no hubiera embestido ni una vez. Puede que el defecto de los cuartos traseros, esa descoordinación hubieran impedido algo. Y de no ser por el bajonazo que hizo guardia, los muletazos por bajo y el sometimiento del toro a su muleta hubieran valido una oreja. Al sexto ni El Juli pudo sacarle algo. Fue un trámite para terminar la gran corrida de beneficencia. Que se convirtió en la gran corrida del aburrimiento.

Corrida de Beneficencia. Lleno de “No hay billetes”. Toros de Victoriano del Río (el 6º con el hierro de Toros de Cortés). Desiguales de presentación algunos como 2º y 3º sin plaza. 2º encastado, 3º descordinado, 4º con clase antes de rajarse. 5º y 6º aburridos.

Juan Mora (botella y oro): silencio en los dos.

Morante de la Puebla (negro y oro): pitos y silencio.

El Juli (negro y oro): leve división y silencio.

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